Hoy os voy a hablar sobre uno de los camposantos más interesante y a la vez misterioso de la ciudad de Gijón el cementerio de Ceares , cuyo nombre original es el cementerio del Sucu. Aunque actualmente el cementerio principal de la ciudad es el de Deva ( inaugurado en el año 1999) , El Sucu sigue siendo un camposanto que muchas personas visitan por su enorme riqueza monumental.
Se construyó para sustituir al antiguo cementerio de la Visitación en el barrio de Cimadevilla, que se había quedado pequeño. Siempre que lo visito sobre todo la parte más antigua, el tiempo allí parece detenerse. Todavía recuerdo la última vez que allí estuve...
La tarde se presentaba oscura amenazando lluvia, una tarde pensé perfecta para visitar un cementerio. En el momento que traspasé la entrada principal me dio la sensación que entraba en otro mundo, “el valle de la tranquilidad” se abría ante mí y yo era un extraño en aquel lugar.
Silencio y apenas un alma, entre unos de los panteones cercanos, pude ver a una chica que al igual que yo hacía fotos a una escultura peculiar (una calavera de la que salía de uno de sus ojos una serpiente), me sentí identificado con la chica y también por qué no aliviado de no ser el único que por allí caminaba.
Puse mi grabadora en marcha y comencé a hacer algunas fotografías, en ese momento como si una fuerza me invitara a marcharme, la lluvia arreció y tuve que guarecerme en la capilla que había cerca de allí.
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| " Interior de la capilla " |
Con un pequeño altar, sencillo y lleno de velas encendidas, la pared con manchas de humedad, aquel santo lugar me recibía, así que me senté en uno de sus bancos esperando a que la lluvia amainara. Absorto en mis pensamientos, sentí unos pasos tras de mí y al girarme vi como aquella chica con la que me había encontrado anteriormente, de aspecto gótico que también se guarecía de la lluvia.
Pasaba el tiempo y la lluvia no cesaba, me acerqué a la entrada para observar mejor el panorama y salude a la chica con un hola. Era extraño, dos jóvenes como nosotros en un lugar como aquel…. oí unas voces y vi entonces como una pareja de ancianos entraba también en la capilla para protegerse de la lluvia.
Por fin tras esperar alrededor de diez minutos los cuales se me hicieron largos, salí al exterior.
He de decirlo pero una sensación de paz me embriagó, bajo un cielo completamente nublado y encapotado aquel conjunto de panteones, cipreses y demás esculturas parecía un lugar atemporal.
Dirigí mis pasos a la izquierda de donde me encontraba y comencé a recorrer aquellas calles entre los panteones, justo por el lugar por el que había entrado.
La paz era absoluta, rota tan solo por el sonido de mis pasos y el cantar de algún pajarillo que por allí había. Mis pasos eran firmes pues sabían muy bien a donde dirigirse y de repente mi corazón dio un vuelco. Allí estaba esperándome, al girar una de aquellas calles me encontré de cara con la imagen de una mujer semi agachada acariciando una rosa roja. La LLorona o el Alma Suplicante, como así la llaman. Siempre que la veo un escalofrío me recorre el cuerpo sin saber por qué y aquella tarde me volvió a suceder lo mismo.
Es imponente y si la miras durante un buen rato es tan realista que parece que de un momento a otro se va a mover.
Se trata de una bella escultura que “custodia” la entrada al impresionante mausoleo panteón de Doña Martina Suárez Prendes. Ella es la guardiana silenciosa de esos secretos que oculta el mausoleo. Un panteón que me ha fascinado desde la primera vez que lo vi hace ya muchísimos años y que a día de hoy me sigue llenando de intriga por todos los símbolos que tiene y los secretos que según muchas leyendas parece guardar.
Es un panteón diseñado por el prestigioso arquitecto Manuel del Busto en 1905 y considerado como patrimonio histórico-artístico de la ciudad de Gijón.
Allí frente a la entrada del panteón el tiempo parecía detenerse y yo miraba hacia su entrada esperando que me revelase sus secretos. Sobre todo uno el que me llevaba intrigando durante años. La enorme cruz de piedra que sellaba su puerta y que cuando lo construyeron no existía. ¿Quién la había puesto allí, con qué motivo?
Aquella cruz de piedra parecía actuar como una especie de cerrojo o sello impidiendo tanto el paso al interior del mausoleo, como también impidiendo que algo saliera... Esta cruz ha generado multitud de leyendas entre los ciudadanos de Gijón. Unos dicen que es para evitar que el mal entre a un lugar sagrado y otros que es para asegurar que lo que está allí enterrado no pueda salir. Se cuenta que la familia tras la muerte de Doña Martina, entró en una fase de fervor religioso o temor supersticioso. La cruz se habría añadido posteriormente como un elemento de protección espiritual absoluta. Y aquí nacen las leyendas.
Cuentan que Doña Martina Suárez Prendes fue la primera mujer de Asturias sometida a un proceso de embalsamiento moderno y que su cuerpo en perfecto estado reposa en una cripta bajo el altar interior que preside la entrada al mausoleo. A pesar de que este método era muy costoso para aquella época tiene sentido que fuese así porque Martina pertenecía a una familia de la burguesía gijonesa con recursos suficientes para poder costear aquel procedimiento tan inusual por aquel entonces.
En la mentalidad de la época un cuerpo que no se corrompe genera un respeto que raya el miedo y de ahí que también se haya alimentado la leyenda del vampiro del Sucu, pues hay testimonios de trabajadores del cementerio que cuentan que en las noches de niebla, se escuchan ruidos de arañazos tras la puerta de bronce del mausoleo y dicen haber visto una figura blanquecina vagando por la zona alta del cementerio.
Y luego están los símbolos que adornan la puerta: dos búhos con unas tibias bajo ellos.
El búho representa al guardián de las almas que transitan por la oscuridad de la muerte. Se asociaba a este animal a la diosa Atenea que simboliza la sabiduría que trasciende la vida terrenal. Al tener los huesos bajo él su mensaje es claro, la sabiduría permanece cuando el cuerpo se ha convertido en polvo. También se trata de un ave que representa el sueño eterno, ya que no duerme cuando los demás si lo hacen. Es como un centinela silencioso que cuida el descanso de los que están dentro.
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| " Detalle de la entrada al mausoleo " |
Otro detalle curioso de la parte principal de este panteón son las dos enormes espigas de trigo situadas al lado izquierdo y derecho del mismo.
Representan la resurrección y la creencia de que el cuerpo debe de ser "sembrado" en la tierra para que pueda renacer en el más allá.
Aquella tarde recuerdo que tras salir del trance hipnótico que provocaba en mí el panteón de Doña Martina, seguí con mi peculiar paseo disfrutando de aquella paz y maravillándome de las obras de arte que a mí alrededor había.
Mis pasos me llevaron a una zona trasera del cementerio en la que me encontré con un conjunto de sepulturas que parecían bastante antiguas y que tenían la peculiaridad que en lugar de estar sobre la tierra estaban sobre una base de piedras blanquísimas y la zona del enterramiento estaba cubierta de piedras negras. El contraste resultaba hasta hermoso…
En esta zona que pertenece al sector civil se dice que durante décadas estuvo dividido El Sucu por un muro que separaba el cementerio católico del civil y cuentan las leyendas que en las noches de tormenta se escuchaban lamentos que procedían de esa parte. Allí enterraban a los suicidas, protestantes, masones y librespensadores. Muchos gijoneses evitaban pasar por esa zona pues creían que las almas allí enterradas vagaban sin descanso tratando de encontrar una salida. Hoy el muro ya no existe pero cuando visitas esa zona, la energía que allí se siente es muy diferente, mucho más densa. Y así lo percibí aquella tarde...
Mis pasos me llevaron a una sepultura que pertenecía a un bebé de dos meses, leyendo su epitafio, sentí una tristeza enorme….que corta vida para un pequeño ángel….
Había también varias sepulturas sin nombre….cubiertas simplemente con aquellas piedras negras, como si los que allí yacían hubieran quedado olvidados por el paso del tiempo.
Una que me llamó la atención fue la de un hombre de avanzada edad, la cual tenía en su lápida un símbolo que parecía masónico.
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| " Símbolo Masónico en la lápida" |
Me alejé de allí, no sin antes volver a detener mis pasos en la tumba de aquel pequeño bebé….ojalá descanse en paz…Esta vez mis pasos me llevaron hasta una zona de nichos, frente a los cuales había un enorme monolito dedicado a los caídos durante la guerra civil y frente a él un mausoleo fosa común.
El Sucu alberga una de las fosas comunes más grandes de la Guerra Civil y muy cerca de allí se encuentra un enorme paredón donde se dice fusilaban a los presos durante la guerra y posguerra.
Como veis es un camposanto repleto de historia que no deja indiferente a nadie que lo visita. Sobre todo su parte más alta y antigua.
Historia, leyendas, enigmas, una mezcla explosiva que apasionaría a cualquier investigador de lo paranormal. En aquella ocasión lo visité solo y he de deciros que cayendo ya la tarde cuando estaba en una zona de enterramientos en tierra bastante antiguo con tumbas sin nombre, cruces caídas…la tristeza me embargó de nuevo y en silencio pedí por todos los que allí yacían deseándoles un descanso en paz. Pero a la vez os confieso que una sensación de malestar recorrió todo mi cuerpo, era como si algo o alguien me invitara a marchar y me sentí observado. Resultó bastante incomodo.
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| Monolito dedicado a los caídos en la Guerra Civil |
Salí del camposanto, con una mezcla de paz pero también de alivio.De nuevo regresaba a la “vida”, el ajetreo de las calles, los coches el ir y venir de la gente, parecía otro mundo que hacía que aquel otro que había dejado atrás fuera algo casi irreal u onírico.
Sin embargo una parte de mí sabía que durante casi alrededor de una hora, mis pasos habían recorrido aquel “VALLE DE LA TRANQUILIDAD”.
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